SAN JUNÍPERO

(All pictures belong to @textsfromyourexistentialist)

Yesterday he went to bed with a dissatisfaction long ago self-diagnosed as chronic, upon hearing the term during a cathartic encounter with Woody Allen’s Vicky Cristina Barcelona that left his eyes dry for hours.

He laid on the window side of his king-size bed and read some pages from a novel that seemed amusing. But at some point, he realized that he couldn’t be bothered to learn about the upbringing of a poor guy in the streets of a neglected city. Not today at least. So, he switched off the lights and faked sleeping.

However, his eyes were moving behind his lids, rejecting the idea of a day finishing in such an unfulfilling way. “Why do I always sleep on the window side of the bed? Why have I pick a side?”. He went on to ask himself why there were even sides on his bed, when he had no one to share it with. And then he felt it coming again, a recurring motif throughout his life: the grip of society sneaking into his consciousness like the ocean into the river in high tide.

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His will was flooded with alien narratives, that informed his ambitions and secret hopes in ways unknown to him. They were planted down deep in his mind, and, he was only to discover them when they blossomed after the caress of blue Sunday nights such as tonight.

What was he to do? He used to patrol the confines of his consciousness with a zeal that would make the European border police jealous. And yet, the feeling of being incomplete by himself would plunder past his walls, storming everything to the last standing vestige of lucidity.

When those episodes occurred –and they were all but infrequent–, he would imagine his last one-night stand and him marrying and moving to a newly bought house where a café au lait golden retriever would await them every night. Or, should no one-night stand be available, he would monitor Instagram in quest for potential partners to depict an artificial perfect life with, forgetting about the deluding logic that social media was based upon.

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That was the story of how chronic dissatisfaction met chronic delusion. He engaged in tempestuous relationships with a fake persona built on unreal aspirations. He projected all his hopes into the new partner, burdening him with expectations and obscuring his actual self. But of course, the castle in the air was meant to collapse. The fight was never an equal one, between the partners, but rather a clash of illusion and reality. It was a war in his mind until he finally woke up from his daydream, when it couldn’t stand any longer. It wasn’t Mr. Perfect and a golden retriever on the other side of the bed, but an actual human. And the human, was at this point very tired of knocking at the door and finding that due to civil war no one would show up to open. The human tended to leave.

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And so, life continued in the same way the fight between him and his misleading brain did. Alone or accompanied, he would always feel lonely on the window side of his bed. Unless loneliness was countered with fantasy and fake golden retrievers, but that San Junípero kind of life was not what he was looking for, was it?

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His bed was getting warmer now, after some minutes of reflection. He still felt lonely, but the blindfold had been removed. And that felt better, even if loneliness wasn’t less painful. He took a revolutionary decision then. He issued a decree abolishing the existence of sides on his bed. He wished himself good night, and started to roll under the sheets until he felt off bed laughing like a madman. That night, he had a great sleep.

SALOMÉ Y EL MITO DE LA CAVERNA

Los ojos de Salomé no paraban de llorar. Las cascadas de lágrimas fluían por sus clavículas y sus pechos para acabar precipitándose en las olas, donde la espuma se confundía con sus canas. Nadie diría que solo había visto 15 inviernos porque parecía que todos los que había visto el mundo arreciaban al tiempo en su corazón.

No sabemos que le ha pasado –ni siquiera el narrador sabe aun de su pena–, pero debe de ser de un terror insondable. Allí, en medio de su Ítaca particular, la avistamos cual faro de tinieblas, atrae hasta los bajíos a todas las carabelas del océano.

Avezados piratas y grumetes naufragan por igual en su corazón. Y cada ahogado que da con sus huesos en el lecho marino le provoca una avalancha de dolor. Si solo pudiese huir, nadar hasta tierra firme y que los marinos se encontraran simplemente una casa cerrada en lugar de un abismo… ; pero no, alguna suerte de estrella de brillo letal alberga lo moribundo, lo extraño, lo enfermo… que nos susurra cantos de sirena.

¿Un instrumento roto? Toquémoslo. ¿Una calle peligrosa? Paseemos. ¿Un alma herida? Vamos allá. La promesa de un reto atrapa y el magnetismo oscuro parece que todo lo puede.

En los ojos de Salomé no hay un destello de maldad, pero todos los cadáveres podridos del fondo del océano claman contra su mirada y la culpan de su desgracia. Dicen que prometía el oro y el moro, que era halagüeña como una ensenada del Algarve una tarde de verano, que parecía que era el Atlántico jugando a ser Mediterráneo al servicio del asueto de los turistas ingleses.

Como no se le puede pedir al lobo que sea cordero, tampoco al océano que juegue a ser mar interior. Y la mirada que parecía ojo de buey con vistas a la playa no era sino espejo opaco que reflejaba las esperanzas de los marineros. Al otro lado del espejismo solo estaba la pequeña Salomé. 15 años tenía, y llevaba todos ellos esperando en la bajo la lluvia, en medio del océano. Penélope, le decían algunos. Decían también que su Ulises se había ahogado y ella aguardaba en vano, ya canosa, su venida.

Las peores lenguas murmuraban que se regocijaba con cada náufrago ahogado en el camino a su corazón. Juraban los pescadores mientras regateaban para colocar su captura en la lonja que les dedicaba miradas fugaces, fogosas, a todos los que se acercaban. Y que, por un momento, el diluvio parecía incendio. Decían que toda la lluvia se convertía en vapor, y el mar latía tropical por un segundo. Que parpadeaba de nuevo y el hechizo se desvanecía, pero que era suficiente para volver loco al más taimado.

Mentían. Salomé no veía las barcas, los remos, los gritos de auxilio, los jadeos, las brazadas desesperadas, los hundimientos ni los jadeos. Solo se percataba de que lo peor estaba al llegar para un hombre de mar cuando el océano rugía e inundaba los pulmones vírgenes de una nueva víctima. Hasta entonces un velo de niebla le envolvía y le impedía avistar nada. En aquellos momentos ella lloraba amargamente, acrecentando la rabia del océano y su poder destructor.

Salomé miraba lejos, más allá, al horizonte. Sin catalejo – y diríamos más bien que con caleidoscopio– escrutaba la línea a la que la curvatura del planeta había limitado su visión. Buscaba a Ulises. Esperaba un faro, una cría de tortuga, una rama de olivo que indicara que la tierra estaba cerca. Esperaba un casco lustroso, un mensaje en una botella, aves que anidaran en la costa, aguas que portaran limo de algún río, gentes que hicieran pesca de bajura. Esperaba el barco de Ulises, gallardo. Esperaba recibir cualquier señal. Menos las que recibía.

A Salomé jamás se le ocurrió pensar que sus ojos eran el espejo en que todos se ahogaban sin haberse zambullido. Nunca supo que todos intentaban llegar a su corazón y se quedaban en el umbral de sus expectativas, justo en el momento de dejar de hacer pie. Pero tampoco supo que sus ojos eran un espejo doble. Y que, mientras el tifón fuera lo único que albergara en su interior, el reflejo no podría ser otra cosa que eso: vientos y lluvias, huracanes y tempestades. Salomé nunca supo que su corazón no miraba a través de sus ojos, sino que se veía a sí mismo reflejado en ellos. Salomé creía escrutar el horizonte, pero en realidad nunca cambió las bodegas, de paredes pintadas con motivos marinos, por la cubierta.

Fue así como Salomé se ahogó también. Oscurecida su alma por la tormenta que reflejaba la cara interior de sus ojos, un mal día se dejó engullir por ella. Si hubiera roto el cristal, habría sabido que Ulises estuvo en todo momento navegando con ella en la ola vecina. Hasta que se ahogó, tras estrellarse contra el reflejo exterior de su mirada de cristal.

A su muerte ambos tenían 15 años y el cabello canoso de almas viejas del tercer milenio. Este narrador ruega una introspección por su alma.

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HOW TO PINKWASH AN OCCUPATION? TIPS FROM THE WORLD’S CHAMPION

“Rising from the golden shores of the Mediterranean, stands one of the most intriguing and exciting new gay capitals of the world: Tel Aviv. This dashing piece of gay heaven holds within the perfect combination for a perfect vacation for men and women: gorgeous guys dancing at the hottest clubs, stunningly beautiful women enjoying our pure shores, modern & contemporary art galleries, cutting-edge fashion, local & international cuisine, history-filled streets hosting the latest urban chic and amazing sunsets, only welcoming a night to remember, in the city that never sleeps. With its perfect weather, Tel Aviv invites you to have fun, be free and feel fabulous!”

Extracted from Gay Tel Aviv

No further than 15 kilometres from this “gay heaven”, at the other side of a wall often tripling in height that of Berlin, Palestine struggles to resist yet another day. You won’t spot gorgeous guys dancing, because being a homosexual here –although it’s not illegal since the fifties– is still far from acceptable to say the least.

This intolerance stems from the strength of the patriarchate in the Palestinian society.  This system equally oppresses LGBTs and women to an overwhelming extent. However, it’s the occupying power’s legal responsibility (under the IV Geneva Convention), to keep sexual minorities as well as the broader society safe from potentially harmful situations. Yet Israel doesn’t lift a finger to tackle the rampant discrimination, in fact, it further diminishes LGBT’s chances to fit in by blackmailing gay Palestinians into becoming informants, Israeli Intelligence Corps ex workers confessed.

Then why aren’t we witnessing an exodus of Palestinian LGBTs to the golden shores of Tel Aviv? Firstly, because despite being a part of the United Nations Convention on the Status of Refugees (1951), Israel rejects to consider the applications of Palestinian asylum seekers, whatever their reasons to apply might be. Israel conflates asylum seeker applications with those made by people trying to get their right to return recognised, even if their petitions are based on completely different grounds: while the former are scaping dangerous circumstances and hope to find haven in a foreign state, the latter are trying to get their legally owned property back. Systematically refusing to process asylum application based on the nationality of the applicant is explicitly prohibited by the Charter, and thus illegal under international law. Introducing an element of discrimination in the application procedure is only rendered possible thanks to collaboration between the Israeli National Status Granting Board and the United Nations High Commissioner for Refugees. In short: the UN is helping Israel break the law.

Despite these obstacles, some Palestinians still manage to flee Palestine, making it to the “golden shores” of Tel Aviv. Most of them will never taste the marvels of this so called gay heaven, though. Gay Palestinian males often find themselves dragged into prostitution, drugs and poverty. Unfortunately, the conflict permeates into almost every single aspect of Palestinian’s lives… even sex. Those who work as prostitutes often found themselves asked to perform Israeli-Palestinian power relationships between the sheets for money.

The blatant discrimination of Palestinian LGBT population has not stopped Israel from branding itself as a glittery gay destination. This message is only delivered to the affluent societies of North America and Western Europe, where Israel’s legitimacy, support and UN veto votes stem from. The celebration of sexual diversity is always attached to an emphasis on the lack of rights for LGBTs in the Arab world. This severely undermines the viability of the Palestinian organisations taking a stance for tolerance (they do exist), and trying to engage in an intersectional struggle that addresses sexism, homophobia, and the conflict altogether. Parallelly it ignores the existence of LGBT population in the Arab world. Following this public relations strategy, Israel fuels intolerance in the Palestinian society: as the LGBT collective is associated with the Israeli oppressor, the LGBT community gets the same hostility the occupying power gets.

HOW DOES PINKWASHING WORK?

Sarah Schulman defined pinkwashing as “a deliberate strategy to conceal the continuous violations of Palestinians’ human rights behind an image of modernity signified by Israeli gay life”. At the same time, large sections of the Jewish state remain fiercely homophobic.

The branding campaign pursued by Israel is all but spontaneous. It was launched following three years of consultation by two of the most relevant advertisement firms in the world. The results showed Israel lacked a positive image within the younger population of the western world, especially those espousing liberal political affiliations.

It was not easy to prompt a change in attitudes across people that held negatives views on Israel. Progressive individuals are generally aware of the abuse of human rights and international law towards the Palestinians. It turned out that championing gay rights was perhaps the best possible choice. Most homosexuals, even in the West, have a past of enduring homophobia, and the traces of this discrimination can often be tracked to the present. When a gay individual visits Tel Aviv and gets exposure to the narrative of its “uniqueness” within the Middle East gay scene, it usually occurs to him to forge a connection with the Israeli state. Many LGBTs become supportive of the Zionist cause after visiting Israel, because they feel Israel stands for the same things they stand for.

Only that it turns out that Israel doesn’t. Israeli homosexuals cannot marry in the country (Israel registers couples married abroad but doesn’t recognize them), and it’s difficult to adopt. Blood banks don’t accept donations coming from gay people. Furthermore, there is a history of violence towards gays in Tel Aviv, and in LGBT parades in Jerusalem in 2005 and 2015. This year, the pride parade in Be’er Sheva was eventually cancelled over security concerns. In fact, a survey conducted by the leading Pew Research Center in 2013 found out that only 40% of Israelis viewed homosexuality as “tolerable”.

The government of Israel will continue to export a misrepresentation of the situation of Israeli LGBTs across the world, focusing on Tel Aviv and ignoring major issues that have long needed to be tackled. With the growing atomisation of the gay community in the West –homonationalism is on the rise in countries such as the States or the Netherlands)–, it is quite likely that Israel succeeds. This will only undermine the case for Palestinian rights and recognition in the international arena opinion.

Nevertheless, Palestinian gays are Palestinians too, and the bombs dropped in Gaza don’t have a gaydar preventing them from killing the oppressed queers. As the Palestinian activist Fahad Ali put it: “I am an Arab, I am a Palestinian, I am gay. My gay haven is not a glittered parade in Tel Aviv. It is a liberated Palestine”.

ESPEJISMO

Aquella noche llegué al hostal en medio de la tormenta de arena envuelto en prisa, y anidé en mis sábanas frente al refugio del procesador de textos. Tenía la voluntad férrea de convertirte en literatura. Era misión de riesgo, pero de gran importancia, pues sólo así podría sacarte de mis noches de sueños y salvar Lisboa de tu recuerdo para el futuro.

Mi cabeza me susurraba. Tenía que darme prisa y construirme un castillo en la arena, antes de que los granos que llovían del reloj me sepultaran en una tumba de cristal. No había tiempo que perder para evitar la tragedia.

“¡Rápido!”, me dije “¡Escribe Marcos! ¡Escribe para sanar! Háblale a las teclas de la farola que parpadeaba sobre vosotros como hacen los sueños cuando estás a punto de despertar un lunes de lluvia. O háblale de otra cosa. De lo que sea, no importa en realidad. Sólo háblales. Aporrea las teclas a gritos, torturando sus luces minúsculas, que te provocan iluminándote a la manera de estrellas descaradas. Aporrea las teclas hasta que sangren y pidan clemencia. Aporréalas hasta que acalles el tecleo. Y a ti con él.

Cuéntales que ya habías percibido que la realidad flaqueaba una noche aciaga. Fue en la Rua 1 de dezembro, la calle que conmemora la independencia portuguesa tras 60 años de reyes españoles. Ese día la luz de un escaparate también parpadeaba. Y tú sospechaste. Sospechaste que la ficción se había instalado en tu realidad. Y que se estaba tambaleando.

Marcos, cuéntale que ahora sabes que ni por un segundo abrazaste algo más que aire, ni besaste más que arena del desierto. Jamás llegaste a las palmeras distantes con su promesa de agua y refugio. Siempre que parpadeabas y dabas un paso hacia delante, él aprovechaba para desaparecer y tomarse un respiro del existir, mientras fumaba el enésimo cigarro. Y aparecía un paso más lejos. Entonces volvías a abrir los ojos sin haber percibido nada. Porque él se movía en las sombras a la velocidad de la luz. Y tú eras solo un peregrino en el desierto, muerto de sed por su oasis. Cuéntale que al principio no te dabas cuenta de sus idas y venidas de gato sibilino.

La esquina donde te dije adiós a las tres de la madrugada era una esquina cualquiera. Pero ya nunca más lo será. Esa calle ha quedado vetada en el plano de la ciudad. No existió nunca te digo. Como tú. Déjame olvidarme de la Calçada de Santana, de la Avenida del Almirante Reis, de los Jardines de Gulbenkian y de las vistas desde el piso 12 de esa plaza de Arroios. Déjame borrar todas las circunstancias. Déjame borrar los cafés. O en un par de tormentas de arena vas a derribar mi castillo. Guincho, Carcavelos, Caparica… todas las playas se las tragará la arena y sólo quedará en lo alto de una duna el piso 12 de esa plaza de Arroios. Pero hay que borrarlo también.

O bien podemos hacer otra cosa. Te ahogaré en el oasis imaginario del desierto que nunca existió. Ficción por ficción equivale a realidad. Apretaré tu garganta hasta que tu cuello exhale su último aliento. Ni tu piel resbaladiza de mantequilla te salvará. Perecerás. Caerás en picado al fondo, ahogado tu recuerdo con el único fin de salvar a Lisboa de ti.

Sólo así podré seguir hollando la calzada portuguesa de las rúas, y mis auriculares atronando a los viandantes con la música que tú me enseñaste. Pero sin pensar en ti. Sólo así podré volver a llorar de alegría ante la vista de la ciudad en los miradores recónditos de la ciudad que he hecho mía. Porque no voy a dejar que me robes Lisboa. Ni en sueños.

Al cabo de un tiempo, volveré al oasis, ya curtido por el paso de las horas en este desierto que llamamos vida. Flotando, encontraré una perla, emergida en el momento preciso en la superficie de las aguas. Agachándome la recogeré de la orilla como los turistas de tierras de interior recolectan conchas para sus inviernos de secano. Será una perla más para el collar de nuestras vidas. Y será todo lo que quede de ti.

Al fin y al cabo, solamente fuiste un espejismo.